domingo, 3 de julio de 2011

¿Por que hay que comportarse como Anita la Huerfanita, y no como Perdita Durango?


Antes que nada, la Dra Bridget quiere disculparse porque, debido a una breve internación en la clínica neuropsiquiátrica Los Tilos, no pudo responder consultas durante dos semanas. Ahora, atestada de cuestionamientos, retoma el ritmo de atención esperando no haber producido graves inconvenientes en sus pacientes. Aunque, siendo una negativa estructural, teme lo peor.
pero vamos a lo que nos ocupa por estas horas. La consulta que ha desvelado a la dra Bridget durante estos gélidos días invernales, tiene que ver con un axioma de las relaciones entre varones y mujeres, principalmente los situados en este lugar del mapamundi. La pregunta, realizada por Natalia (35) de la sexta, tiene que ver con una conducta que las féminas deben de abordar, si quieren llevar por el mango la sartén de las relaciones.
La problemática de Natalia es compleja.

¿Por qué, si me siento más cerca de Perdita Durango, me tengo que comportar como Anita la Huerfanita cuando salgo con un chongo?

Mi querida Natalia, en tu misma pregunta está la respuesta que buscás.
En primer lugar, la utilización del lunfardismo "chongo". Donde se ha visto que una mendocina de edad mediana, tan sujetas ellas a las convenciones sociales, que no se sacan las botas de caña alta y el sueter escote bote en todo el invierno ose utilizar ese término, asociado a las más bajas categorías del puro divertimento sexual. Estimada, cada vez que les digas "chongo" se borran seis. Ellos nunca podrán tolerar ser ese oscuro objeto de deseo, aunque te consideren tan útil como el encendedor del auto. Ya es hora de que lo estudies, asimiles, y saques tus propias y valiosas conclusiones.
En segundo lugar, analizaré la utilización de los personajes de ficción abordados en la comparación. Asi es que, tan suelta de cuerpo te sientes Perdita Durango. Esa anti-heroina mexicana que se comía, literalmente, a los hombres crudos. Con toda sinceridad, quiero decirte que con esa actitud, tu enfermedad no tiene cura. Has vivido engañada, mi reina. Te has creido que cultivando ese personaje heavy metal, ibas a atraer a aquellos muchachos que, según dicen, se la bancan. Cuán equivocados fueron tus derrapes, Natalia. No, no, no. Te quiero avisar que reirte de los defectos del señor, volver a tu casa vomitando ginebra a las siete de la mañana, aprender a hacer el asado, tirarte en la fosa de los mecánicos para que no te curren en el arreglo del auto, saber de plomería, subirte al techo para arreglar el tanque del agua, pelearte con los patovicas, tomar la iniciativa para tener sexo y después decirle sinceramente al "chongo" (como le dices tú) que es un nabo a pedal en la cama y amenazarlo para que te despeje las sabanas en cinco mintuos como máximo, con una vitorinox oxidada entre los dientes, son comportamientos que yo, la dra Bridget, aplaudiría. De verdad, Perdita, te admiro y te agregaría sin dudarlo a mis contactos de facebook.
Pero, muchacha que has perdido momentáneamente el norte, ese no es el camino correcto. Todos los hombres, todos, y que te quede bien grabado hasta en las fosas nasales, TODOS, tratan con respeto a las Perditas, pero es un respeto basado en el terror. Hasta los más guarros, picantes, rollingas, punkitos o hippies, esperan que, aunque te vayas a dormir con los borcegos puestos, en fondo de tu alma fertilices a Anita, la huerfanita de la comedia musical. Esa tierna niña llena de pecas y rulitos pelirrojos, que esperaba que su papá adoptivo le solucionara la vida. Esa huerfanita que se despertaba cantando canciones más inocentes que un yogurísimo natural.
Yo sé que no te sale. Sé que te has hecho bucles con la tijera, te has teñido el pelo color zanahoria y hasta has tomado clases de canto para parecerte a ella. Y lo que has logrado, es un mamarracho intermedio que está más cerca de ser internada en un cotolengo que de lograr lo que buscas. El remedio que te puedo recetar es una buena dósis de aspirinetitas rosadas, que te conviertan de verdad en Anita.
Tenés que dejar que él suponga que sos inofensiva.
Tenés que demostrar que el mundo te lastima y que sólo él te salvará.
Tenés que cruzarte de piernas y timidamente, no entender de qué se trata esa propuesta indecente.
Tenés que creerte Anita. Darle a entender que el resuelve todo, que no sabes contar, ni estacionar, y que si te tiene ganas, tendrá que esperar la oportunidad.
Yo sé, no te va a salir. Pero ellos son asi. Que crean que tienen la sartén por el mango, es la meta a conseguir. Aunque la dueña de tan doméstica empuñadura seas tú, mi estimada Perdita.
Las que aprendieron esta invalorable lección de la vida, ahora están ocupando cómodamente tu lugar, quedas advertida de ello.
Sal corriendo a la farmacia a por tu remedio infantil. Y la semana que viene me cuentas.